Archivo de 2/05/11

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Bajo la Bruma VIII

mayo 2, 2011

Algo extraño sucedería, pues ni Ícaro ni su superior estaban listos para realizar un hayazgo mayor del que habían estado persiguiendo durante esos tres últimos años…

De repente, abrí los ojos.

Pestañeé con dificultad y sentía la garganta como un bloque de cemento,recordando de seguido que tenía una hendidura importante en el cuello.
Escuché seguidas pisadas alrededor mío y vi unos pies, los pies del chico.
Giré levemente la mirada y lo ví, agachado de espaldas a mi, limpiando y rascando el suelo.
Era mi oportunidad, a pesar de la confusión del momento, pues debería estar muerta como mínimo.
Me incorporé y mi garganta hizo un ruido raro, alertando al intruso de la casa, el cual giró de repente, cayendo al suelo, profiriendo un grito mientras me miraba con los ojos fuera de sus órbitas
-¡Tú…..!- farfulló cosas como, cómo era posible que estuviese viva,y más aún, que me mantuviese en pie…o almenos eso logré entender de entre los balbuceos.

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Ríos estaba viva, ¡Estaba viva! Ahí, de pie delante suyo, con un tajo horriblemente profundo en el cuello, mirándose en el espejo situado encima de la chimenea.
Su ropa estaba llena de sangre, casi seca y de repente sucedió ,cuando fue a tocarse el cuello abierto.Tanto músculos, como carne y piel se recompusieron con un sutil siseo.
Él, Ícaro, incapaz de asimilar lo que ocurría, quedó boquiabierto y paralizando, buscando trazos de una herida mortal que ya no existía.

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-Me parece que tú te vas a venir conmigo…- dijo con una voz un tanto carrasposa mientras agarraba a Ícaro de las manos, levantándolo y arrastrándolo hasta la puerta trasera de la casa.
Abrió el cajón de una cómoda y cogió unas llaves azules para después, salir al garaje y de un golpe seco, dejar inconsciente al chico para depositarlo en el asiento del copiloto.
Ni si quiera sabía qué hacía, se guiaba por su instinto…el cual le decía que corriese antes de que llegase nadie más y viese que no estaba su cuerpo…ni Ícaro.
Giró las llaves y su porsche negro arrancó.
Había innumerables misterios que necesitaban respuestas…y no sabía si el chico iba a saber dárselas.

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